En este clima de desconcierto general la luz que se insinúa al final del túnel parece mostrar claramente que serán las personas emprendedoras quienes nos sacarán de la crisis actual.

Las redes de viveros de empresas, los espacios de gestación de proyectos, y los centros de apoyo a la innovación empresarial, acompañan y animan a los emprendedores, intentando suplir las deficiencias que llevan un consistente número de negocios a fracasar durante los primeros años de vida. Los portales de las comunidades autónomas se están dotando de fantásticas ayudas para empezar a redactar un Business Plan y se multiplican las jornadas y charlas dedicadas al espíritu empresarial y a cómo emprender un negocio.

Parece que nuestro entorno nos sugiera constantemente – ¡Despierta y Emprende! –

Según el diccionario de la Real Academia española, la palabra crisis significa, en su sentido más general, “mutación importante en el desarrollo de los procesos”. Deteniéndonos un poco más en visualizar la imagen que la palabra misma nos sugiere, se aprecian los matices y se llega a entender una crisis como un espacio rico de oportunidades. Oportunidades de rectificar el camino redibujando escenarios, así como de reinvertir energías en algo que nos pueda apasionar más y que a la vez sea más sostenible. En definitiva, algo mejor.

Posiblemente de todas las características que hacen de una persona un emprendedor, una de las más importantes es su pasión. Las personas que son apasionadas tienden a ser incansables y de allí también cumplidoras a la hora de mantener la constancia y coherencia en todo el proceso. Un artículo de El País que hablaba de Pablo Larguía, el fundador de Red Innova, se titulaba “El emprendedor alinea planetas” destacando la increíble destreza del emprendedor en superar barreras encontrando soluciones, sin perder la energía para seguir luchando.

¿Pero para ser emprendedor hace falta necesariamente montar un negocio?, ¿o en el fondo todos y cada uno de nosotros podemos ser emprendedores en nuestro día a día?

La posibilidad de encontrar lados positivos en la actual situación de incertidumbre que estamos viviendo, depende de todos y de cada uno de nosotros. Como colectivo pero también como individuos. La palabra emprendedor entonces puede adquirir una serie de nuevos significados y lucirse de nueva energía.

Tener una actitud emprendedora entonces rima con ser proactivo, no dar todo por hecho y emprender un camino de renovación. Una disposición emprendedora se manifiesta en la búsqueda de soluciones, incluso para las simples cuestiones diarias. Asimismo la pasión y la visión de pensar que es posible cambiar el estado de las cosas, aunque sea poco, es la primera piedra para empezar a construir algo nuevo.

Las ideas brillantes nacen en entornos renovados y a veces en las situaciones menos esperadas. Pero antes de pensar en posibles ideas brillantes para emprender nuevos negocios y para satisfacer a nuestras exigencias, nos tendríamos que poner a pensar en qué mundo queremos vivir y qué podemos aportar para que nuestro mundo actual se parezca cada día más al que queremos que sea!

Fuente de la imagen: ArticulArte

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