Hoy buceando en la Red, he encontrado un brevísimo artículo de la revista Emprendores sobre una mujer de ochentaitantos años, carnicera de profesión, que  representa la verdadera e insaciable actitud emprendora. Rosita, que es como se llama, emprendió su negocio allá por aquellos años en los que ser mujer y emprendedora era como encontrar un trébol de cuatro hojas, que nadie sabe si realmente existen o es una leyenda, y montó su carnecería en la ciudad de Sagunto.

Hoy ella, que poco o nada sabía de esto, es un ejemplo de lo que significa ser emprendedor. No sólo porque luchó y sacó adelante su negocio, sino porque con la solera de 82 años dice que “volvería a montar un negocio porque es lo que más le gusta”. Ella que “ha ganado porque sólo sabía sumar”, ella que tiene más de 200 seguidores en twitter y 300 amigos en Facebook, ella es la que tiene algo importante que decirnos: “la gente joven que pongan un negocio y no se queden en casa. Yo no tenía nada y no sabía ni escribir y puse el negocio y mira si tengo cosas”. Se puede decir más alto pero no más claro: ¿emprendes?decir más alto pero no más claro: ¿emprendes?

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